Impugnación de las distancias.

Después de haber estado juntos las partículas que los componen se han entrelazado. En cada beso se han intercambiado diminutos microrganismos que habitaba la boca del otro, en el roce de sus cuerpos los ácaros de sus respectivas epidermis se han entremezclado, en cada orgasmo conjunto sus respectivas psiques han pasado a formar parte de un único ser bicéfalo que ha quedado interconectado de forma indisoluble. Ahora son seres transgénicos que han mutado el uno desde el otro y por mucho que se alejen en la distancia continuarán siendo un único organismo.

De este modo, cuando ella bosteza él siente la necesidad imperiosa de bostezar también. Sus pestañeos se acompasan, en sus mentes transitan ideas análogas, sus movimientos se mimetizan y adoptan posturas parecidas como cruzar la pierna izquierda sobre la derecha o rascarse la oreja al mismo tiempo.

Sus relojes se sincronizan automáticamente, sueñan cada noche con las mismas cosas que ha soñado él otro y, así, si él sueña que se encuentra con ella en ese sueño, ella soñara del mismo modo que se encuentra con él.  Luego, se despertarán a la misma hora.

Por mucho que estén lejos el uno del otro los pasos con que se distancian van al mismo ritmo. Y aunque les separe una gran distancia estornudan al unísono. Y cuando ella se pone a pensar en él, él se pone de inmediato a pensar en ella también. Por eso, a veces, se llaman al mismo tiempo y el teléfono del otro comunica y ya no se vuelven a llamar. Y deciden olvidarse mutuamente.

Pero los latidos de su corazón se acoplan hasta convertirse en un mismo pulso. Y por mucho tiempo que haga que no se ven les entra hipo a los dos a la vez. Y se ponen melancólicos al mirar la misma Luna en el cielo en la que su mirada hace carambola hasta llegar a la mirada del otro. Y si ella está triste a él le entran ganas de llorar. Y si él se siente feliz, ella sonríe yendo por la calle sin saber por qué. Al llegar a casa se masturban el uno pesando en el otro y, de nuevo, aunque esta vez cada uno por su lado, vuelven a tener un orgasmo conjunto.

Para luego, volver a pensar en el otro otra vez hasta ponerse melancólicos, ponerse tristes, mirar la misma luna, llorar o sonreír un mismo llanto o sonrisa melancólica, pestañear conjuntamente, latir un mismo corazón, bostezar en el mismo instante, dormirse de forma conjunta, soñar que el otro está soñando contigo y ahí en medio del sueño os rencontráis o tal vez jamás llegasteis a separaros nunca y seguís aun ahí besándoos para siempre.

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