El vagabundo omnipresente.

El vagabundo omnipresente que mientras se cruza contigo por la calle en dirección a ningún lugar alguien lo ha visto hurgando en los contenedores tres calles más allá. Al mismo tiempo te lo puedes encontrar en la puerta del supermercado pidiendo limosna a los clientes que entran o salen de ese sitio y al unísono se le puede ver vagando junto al puente mientras sopesa la posibilidad de suicidarse.

Así que el vagabundo es capaz de mostrarse ubicuo a los ojos de los demás habitantes de esta ciudad. Y justo mientras unos pueden verlo arrastrando un carrito de la compra lleno de ropa por el parque otros pueden verlo cruzando un paso cebra o durmiendo sobre cartones en algún portal.

Y es que él puede que esté en todos esos sitios y, a la vez, en ninguno. Pues todos los vagabundos son el mismo y quizá por eso a un mismo mendigo es más sencillo otorgarle el don de la ubicuidad. Y de este modo a veces te lo encuentras aquí y otras veces allá o pasas de largo sumido en tu rutina y apenas te das cuenta de que acabas de cruzarte con el vagabundo omnipresente que transita por múltiples calles al mismo tiempo y está parado en varios chaflanes a la vez o habita debajo de todos los puentes o pernocta en incontables bancos cada noche.

Al vagabundo omnipresente se le mira de refilón y apenas conoces su cara aunque siempre crees que lo has visto en algún otro rincón de la ciudad sin recordar  donde exactamente. Se presenta como un dejà vú de otra vida o como un efecto de la criptoamnesia de tu olvido cotidiano.

 

Pero él también te mira a ti a los ojos de refilón y del mismo modo cree haberse cruzado alguna vez con alguien que se parecía a ti. Y puede que todo esto no sea más que fruto de un falso reconocimiento mutuo y en realidad jamás antes os hayáis visto en la vida. Aunque también pudiera ser que tu y el vagabundo omnipresente os estéis cruzando en este mismo instante en todas y cada una de las calles, esquinas y lugares de esta ciudad de forma ubicua y persistente e ignorándoos recíprocamente sin sospechar tal posibilidad.

O tal vez dicho vagabundo va caminando por todas las calles de la ciudad en dirección a ti, pero dependiendo del lugar en que te lo cruces, entonces, habrá venido justo por el itinerario de esquinas que hace que te lo encuentres ahora de frente por la acera arrastrando su carrito lleno de ropa sucia y cartones y alguna lata de atún.

A no ser que él crea que tu vinieras por todas las aceras posibles en dirección a él y seas tu el transeúnte omnipresente que deambula persistentemente  por toda la ciudad y que tan solo cruzándote con él has concretado tu ubicación en el mundo, el destino de tus pasos, la dirección de tu mirada y el camino recorrido en lo que ahora vagamente podrías llamar tu pasado hasta llegar aquí.

 

 

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