El dios Thot.

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El dios Thot creó la escritura a imagen y semejanza de la palabra dicha para que los hombres pudieran disponer de una mejor memoria retrospectiva y pretensión de posteridad para aquello que decían. De este modo los poetas podrían dejar constancia de sus poemas sin temor a ser tergiversados por la transmisión oral de los mismos o directamente desmerecidos por la indiferencia y el olvido. Los reyes y legisladores podrían perpetuar sus designios dejando a través de la palabra manuscrita sus decretos y leyes más allá de su propia muerte. Pero ahora también podrían los conspiradores crear panfletos revolucionarios contra el poder establecido o pasar en secreto notitas de complot para asesinar a algún mandatario. El dios pensó que, sin embargo, con la escritura los seres humanos de distintas épocas podrían comunicarse entre sí. Y los de tiempos futuros podrían conocer aquello que los antiguos quisieron transmitirles y los de tiempos pretéritos escribirían y cometerían sus actos sabedores de que estos podrían ser transmitidos a las generaciones venideras. También los enamorados tendrían la posibilidad de escribir cartas de amor a las personas amadas. Los mercaderes podrían llevar las cuentas de sus transacciones. Los enemigos podrían enviar mensajes de amenaza a sus víctimas buscando efectos disuasorios o mayor efecto melodramático a sus inminentes asesinatos. Ahora se podían comunicar los muertos y los vivos, los habitantes de lugares muy alejados entre sí y personas que jamás se habían encontrado en su vida y que muchas de ellas jamás se habían de conocer en persona. El dios Thot observaba el poder que había dado a la humanidad y constataba como ahora los hombres deberías hacerse cargo de todo aquello que hubieran escrito, que sus palabras ya no se las llevaba impunemente el viento o se desvanecían con el tiempo sino que las personas quedaban esclavizadas a lo dicho sin apenas posibilidad de retractarse. Tal era la fuerza de la palabra escrita. La memoria de la humanidad quedaba enormemente aumentada y los saberes y las leyes de la naturaleza podían ser transmitidos con mayor rigor y perseverancia. El pensamiento del hombre, al mismo tiempo, podía ir reflexionando sobre sí mismo generación tras generación. Se podían crear nuevas historias y transmitir con facilidad las ya existentes. Se vencía así de algún modo a la muerte y al olvido. Y además la gente ahora podía escribir su nombre junto al de la persona que amaba en la corteza de un árbol. Inventar profecías o escribir sobre leyendas que jamás habían existido. Dejar constancia de vidas ajenas o propias. Incluso, escribir sobre la arena de una playa un deseo o un secreto antes de que bata la siguiente ola y se lleve consigo la efímera perdurabilidad de lo ahí escrito. El dios Thot contemplaba a lo largo del tiempo aquello que su invento produjo en el transcurso de la historia de la humanidad. Y se detuvo a leer un poema escrito por un niño y supuso –como suponen las cosas los dioses- que de algún modo hubo obrado bien.

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