Indecibilidad a la hora de hacer cola en el supermercado.

H. ha ido al supermercado a comprar un kilo de arroz y un pack de yogures de fresa. Al llegar a la salida se encuentra ante dos posibles colas a las que agregarse que conducen cada una de ellas hasta sus sendas cajeras de análogas características tanto en lo referente a su velocidad ejecutora como a sus rasgos estéticos que no parecen ser a priori demasiado exagerados.
Ante esta disyuntiva casi idéntica en sus características y para no quedarse como el asno de Buridán inmóvil e impertérrito por toda la eternidad ante dos iguales sacos de alfalfa, decide sin ningún aparente motivo más que el azar, colocarse en la cola de la derecha para esperar su turno. Pero, entonces, nada más situarse en dicha fila de manera subrepticia e inesperada la cola de la izquierda parece avanzar con más decisión con lo que no tarda en vislumbrarse un notorio adelanto de al menos dos cuerpos en relación a la cola en que se ha puesto él.
De modo que H. toma la decisión, algo temeraria quizás, de enmendar su elección previa y ubicarse en la hilera izquierda antes de que ocupe alguien su lugar arriesgándose eso sí a que ahora se ponga a avanzar más presurosamente la cola que deja. Circunstancia que inmediatamente se da en cuanto él ejecuta la acción pues varios de los clientes que en esta estaban llevaban pocos productos y a la vez una señora un tanto ominosa ha dejado vacante su lugar alegando haberse olvidado comprar un paquete de galletas.
Así que ahora la cola de la derecha resulta ser bastante más escueta con lo que H. duda si volver de nuevo a esta o permanecer esta vez en el lugar en que se encuentra ante los imprevisibles vaivenes al que los dos mecanismos de espera parecen contumazmente abocados. Decide, no obstante, ocupar un lugar intermedio entre las dos colas que lo mantenga en un intervalo latente de elección aplazada que le permita llegado el momento la posibilidad de sumarse a uno u otro lugar según convenga.
Y mientras las colas van avanzando sin que ninguna de las dos ofrezca de momento un aspecto más favorable para la pronta salida del establecimiento H. se mantiene equidistante entre las dos analizando el ritmo al que las cajeras devuelven el cambio, la cantidad de productos que albergan las cestas de los demás clientes, las expectativas de premura a la hora del pago que en estos se puede atisbar en las fisonomías de sus rostros y la frenología de la forma de sus cráneos.
Sucede entonces que en su estado de concentración ulterior de lo que ante él sucede H. no ha visto como en la cola de la izquierda se ha añadido un hombre que parece estar dudando sobre si en realidad H. le antecede en el turno o pertenece definitivamente a la otra cola de la que le separa una distancia idéntica.
Ante esa amenaza repentina H. concibe como única salida instalarse postreramente en la cola de la izquierda pero al ejecutar dicho desplazamiento constata como en esta ya se han agregado mientras el observaba la otra cola varias personas que ostentan ahora de manera incuestionable su posición en la fila mientras que él se ve obligado a retroceder en sus intenciones y volverse hacia la izquierda donde ese tipo que antes dudaba ahora ya ocupa con absoluto sentido de propiedad su lugar en la cola y tras él ya se han predispuesto indiscriminadamente varios clientes más.
Ahora H. ha quedado en un espacio impreciso entre dos hileras perfectas de personas que aguardan su turno entre las que nadie lo puede reconocer como su predecesor o antecesor en la interminable espera. Con lo que H. no ve otro remedio que discretamente argüir ante un interlocutor indeterminado que se ha olvidado de comprar un paquete de espaguetis y de este modo abandona su fatídico lugar en medio de la nada para volver dentro del supermercado y ganar tiempo mientras las colas avanzarán y la gente que las conforma habrá cambiado y serán otros y pueda entonces él regresar a intentar de nuevo salir por fin de ese lugar.

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