Metamorfosis de las distancias.

Se sabe que mientras hay quienes indican los itinerarios mediante el tiempo, otros lo hacen por el espacio. Y si bien es verdad que el intervalo temporal puede variar según el ritmo deambulatorio de cada individuo o la prisa que lleve cada uno o tal vez el medio de transporte utilizado, no lo es menos que las calles pueden tener distintas longitudes o pueden estar dispuestas de manera no simétrica en muchos casos.
De este modo, una distancia de cuatro calles puede ser un trayecto corto en una predisposición de callejuelas consecutivas o puede tratarse de un largo recorrido de interminable avenida sin apenas calles que la crucen más que de cuando en cuando. Al mismo tiempo un cuarto de hora puede evidenciar un largo camino ejecutado por un transeúnte veloz o subido a una motocicleta y, a la vez, ser un destino cercano recorrido lentamente por alguien.
A pesar de eso no hay que olvidar que antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo. Y así, a medida que avanza la vida uno se da cuenta de que un mismo itinerario se ha ido alargando con el paso de los años debido a que el tiempo necesario para ser recorrido que supongamos haya seguido siendo siempre el mismo, al ser comparado cronométricamente con el tiempo vivido sea ahora mayor respecto a este que es ahora una parte cada vez más pequeña en relación al cómputo total de años vividos.
Entonces, la distancia de tu casa hasta al parque en el que de niño jugabas que puede quedar estipulada en 300 metros ha podido pasar de ser la parte proporcional de cinco minutos respecto de siete años de vida, a percibirse como esos cinco minutos en relación a cincuenta u ochenta años de existencia. Por lo que para el viejo que transita ese intervalo temporal la distancia habrá aumentado cuantitativamente en comparación con el niño que fue.
Es por eso que las ciudades están cada vez más lejos entre sí a medida que van transcurriendo los años y el paso del tiempo también acrecienta el recorrido que va de la cama de la habitación hasta el baño. Las cosas se han alejado del alcance de la mano y el universo se expande y las estrellas se distancian entre sí justo por este motivo.
Pero que las distancias sean más grandes también implica que el tiempo que las separa sea cada vez más pequeño. Con lo que la extensión del recorrido que uno ha de hacer hasta llegar al trabajo hace que el tiempo que tarda en ir al mismo sea cada vez más pequeño. La dilatación del itinerario que se hace a lo largo del día hará del mismo modo que sus días se estrechen con respecto a este. Las semanas pasarán entonces mas deprisa en relación al trayecto recorrido en estas. Los meses se acortarán y los años serán más sintéticos por el hecho de que la superficie transitada habrá sido mayor.
En tal caso, si se pudiera vivir eternamente, uno constataría que mientras que su más corto trayecto quedaba convertido en infinito el tiempo transcurrido en recorrerlo completamente se igualaría aproximadamente a cero.

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