La encrucijada.
H. ha salido a dar una vuelta por la ciudad deambulando sin rumbo aparente de tal forma que al llegar a una encrucijada no sabe si ir hacia la derecha o hacia la izquierda. Quizá elige el camino que queda a su diestra y entonces cruza por delante de la farmacia pasa al lado de una mujer que lleva un carrito de la compra, se encuentra en la siguiente bocacalle con el semáforo de los peatones en rojo se arriesga a pasar y está a punto de ser atropellado por un coche pero consigue llegar al otro lado y continúa desde allí su recorrido indómito por la ciudad.
O quizá elige el camino del lado izquierdo y entonces pasará por delante de la verdulería, se cruzará con un tipo con gorra, esquivará por centímetros una caca de perro que hay en el suelo moviéndose hacia un lado y al hacerlo topará contra una mujer que caminaba distraída por esa misma acera. Y tal vez él le pida disculpas y ella sonría como aceptándolas y él le explique la causa de su inesperado movimiento y ella le felicite por sus reflejos y él en un nuevo arrebato decida invitarla a un café en el bar que tienen justo enfrente y ella acepte complacida y desde allí puedan empezar algún tipo de relación.
De este modo, H. deambula solo por las aceras de una gran ciudad sin saber muy bien a donde va o está sentado en un bar con una mujer que acaba de conocer y tal vez sea la mujer de su vida y acaben besándose aquella tarde o casándose al cabo de unos años y formando una familia envejeciendo juntos hasta sus últimos días.
Y, entonces, si et cruzas con H. aquella tarde y lo ves caminar solo sin rumbo fijo sabrás que giró hacia la derecha en esa encrucijada y fue del lado de la farmacia, de la señora con carrito de la compra, del semáforo en rojo y el auto que estuvo a punto de atropellarle al cruzar. Si, en cambio, pasaste junto a la cristalera de un bar y viste a H. charlar con una mujer puedes saber que ese día eligió girar hacia la izquierda en esa encrucijada. Del lado de la verdulería y el tipo con gorra y la caca de perro que propició al tener que ser esquivada que chocara contra la mujer con la que ahora lo ves conversando en ese bar.
Pero al mirar despistado a través de la cristalera no has podido fijarte en que frente a ti había una caca de perro que ahora has pisado con total impunidad pringando la suela de tu zapato que ahora deberás limpiar cuando llegues a casa maldiciendo tu aciaga suerte un día más.
A no ser que definitivamente hayas visto a H. deambular solitario por las aceras y haya sido, entre tu distracción a la hora de imaginar la vida de los transeúntes que te cruzas y el nerviosismo de un conductor que acaba de esquivar hace poco a un peatón en un paso cebra, como al atravesar la calle has sido arrollado por ese auto con tal contundencia que tu cabeza ha golpeado contra el asfalto y has muerto.

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