El bar.

El bar es un lugar que está en tu memoria ubicado en un pasado que jamás existió. A pesar de eso todos aquellos que lo frecuentan creen hacerlo en un riguroso presente, tanto de sus vidas como del de la existencia propia del bar.
Pero, evidentemente, se equivocan ya que desde el presente del bar que transcurre en un pasado ignoto ellos no son más que un doble delirio de un altamente improbable futuro.
A pesar de eso, como pagan sus consumiciones, se les permite la estancia en el sitio y se evitan temáticas que les hagan conscientes de su fútil consistencia ontológica dada la idiosincrasia del lugar. El aforo, eso sí, es limitado aunque aberrantemente exagerado para las dimensiones del sitio. Así este consta de una capacidad de albergar N-1 personas sin rebasar el cupo máximo de asistentes permitidos. Y aunque esto supondría una casi ilimitada posibilidad de concurrencia cuando te presentas en la puerta y preguntas si se puede entrar lo más seguro es que te digan que no.

De este modo, en la puerta suele haber un vigilante que escruta minuciosamente a los candidatos a integrantes para poder desdeñar su presencia al más leve inconveniente en la indumentaria, en la actitud mostrada o en el estado de embriaguez previo a la inserción en el bar. Al contrario, una vez dentro no se mostrará ningún reparo ante cualquier perdurable e indefinida capacidad de ingesta etílica.
El bar es, no obstante, un lugar sobrio y elegante donde sus clientes se comportan con exquisita compostura. Debido, en parte, a la falta de ninguna normativa interna que proponga alguna distinción entre acciones sublimes y las más detestables y rudas formas de comportamiento. De este modo, el patán y el intelectual tendrán la misma consideración y serán concebidos quizá como polos de un mismo estatuto humano de consideración social.
Las conversaciones, eso sí, deberán ser banales ante cualquier temática posible de modo que, se diga lo que se diga, ninguna de estas palabras tenderá a mejorar un ápice el mundo y, en realidad, en nada se habrá visto este afectado por las mismas. Cualquier frase será inútil, ningún consejo servirá para nada, toda apreciación será ineficaz. Aquello dicho en el bar quedará en el bar resonando en el eco del fondo de los vasos de forma improductiva y volátil por siempre jamás.
Y así funciona el bar en general. Nada de lo que en este pase afecta en nada la realidad, ninguna cosa que en este acaezca perturbará el mundo en lo más mínimo, todo lo que dentro de este transcurra será improductivo para la existencia de la humanidad.

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