Recomposición abstracta de nuestra existencia.

Eres el regusto abstracto de un beso en la memoria delicuescente de mis papilas gustativas. Eres unas palabras aciagas en medio de un discurso de despedida. Eres el roce de la piel de tu antebrazo al contacto inasible de las yemas de mis dedos. Eres la mirada invisible de tu rostro deliciosamente ambiguo. Eres el flujo de tiempo pasado junto a ti un martes por la tarde. Eres el jadeo de tus entrañas resonando apesadumbradamente en mi oído interno. Eres el recuerdo del recuerdo de tu ausencia una noche más.
Eres nuestra incognoscibilidad mutua la primera vez que nos vimos. La reciprocidad de nuestra ignorancia respectiva la última vez que coincidimos. Eres el deseo de mi cuerpo en tu cuerpo. La incomprensión del destino de la humanidad, la fatalidad del porvenir del ser humano en medio de un concreto instante de felicidad.
Eres la ininteligibilidad del misterio de tus pupilas, el residuo del sudor de tu existencia en mi almohada, una postal a deshora, un bote de champú en la bañera, un mensaje en morse en el contestador. Y quizá un grado más de oscuridad en la noche y un matiz más de opacidad en mi mirada. Tal vez, un gusto más de salinidad en el mar y un punto menos de oxígeno en el cielo para poder respirar.

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