La elección de un señor.

Ese señor fue elegido por un banco para sentarse de entre todos los bancos que había en la ciudad. Fue elegido también ese día ese mismo señor de entre todas las camisas que había en su armario por la camisa marrón claro que ahora vestía en ese banco en que estaba sentado. Y justo ahí lo eligió de entre todas las caquitas de paloma que han caído desde el cielo en toda la historia sobre la faz de la tierra la caquita que ahora decora la solapa de esa camisa marrón que de entre todas las que había en el armario fue la que escogió esa mañana a ese señor para ser la que ahora porta con mermada dignidad en ese banco que le ha elegido para sentarse de entre cualquier otro banco en el que quizá no le hubiera caído justo en este instante una caquita de paloma desde el cielo. Aunque quizá sí.

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