La hora vacía.

Hay en medio de los días durante la semana quizá una vez al año en cualquier mes una hora vacía. Las autoridades pertinentes conchabados con meteorólogos y asesores de la eficiencia energética se confabulan para explicarte que a las dos de la noche, lo hacen de noche para que la gente esté ya durmiendo y no se entere, serán las tres. Y es así como te roban una hora de tu vida.
Pero ellos no cuentan con mi vigilia atenta con mi insomnio vigilante en que no puedo dejar de observar que hay una hora vacía en la que no he existido. Todo lo que haya sucedido en esta quedará irremediablemente borrado por un azar de maquinación gubernamental que me subyuga a un tiempo que no habrá acontecido, que habrá sido en vano y nada importante podrá haber sucedido en él.
La hora vacía se deberá de por vida por mucho que intenten compensarlo en ofrecerte nuevas horas de más más adelante o días de redención en años bisiestos o semanas de más en calendarios gregorianos.
Pero nada podrá compensar todo aquello que hubiera podido vivir en esa hora perdida que no ha de volver. Todo el placer y todas las caricias, todas las palabras de amor y los pensamientos insignes que hubiera podido tener. Los tratados de paz firmados en esa hora que ya no se darán y los inventos y descubrimientos a los que sabios ya infamemente denostados hubieran llegado por azar durante esa hora y que ahora tardarán décadas o siglos si es que alguien otro en el futuro pueda llegarlos a atisbar.
Ahora todo perdido en esa hora vacía que la historia nos roba y a mi me falta para estar completo con todo el tiempo que me corresponde para alcanzar a vivir una vida llena. Aunque haya quien piense que quizá esa hora usurpada a traición hubiera sido como cualquiera de las otras horas del día y de la noche que he derrochado impunemente, vagamente existiendo sin estar entre los brazos anhelados o haciendo nada, apenas transitando una vida vacía llena de horas que se suceden unas tras otras sin aportar nada al mundo y sin importar nada de lo que en ellas se haga, se diga, se piense. Tan solo respirando incólumemente para poder perdurar a alcanzar a existir una hora más.

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