La mirada oblicua.

Por entre los agujeros de las persianas se ve de forma oblicua a H. caminar por la calle. Luego, avanza diminuto en cada retrovisor de la hilera de coches que hay aparcados en la calzada por la que se desplaza hasta para que de a poco su cuerpo se ensanche hasta que desaparece para volver a repetirse tal fenómeno en los subsiguientes retrovisores. Mientras desde un contrapicado cenital su cabeza posada sobre sus hombros cruza la calle súbitamente apareciendo y desapareciendo en perpendicular a estos hacia delante y hacia atrás sus pies. Que caminan como dos planchas enormes que eclipsan el cielo al posarse sobre la mirada atónita de una hormiga. Más tarde, H. sigue avanzando borroso y apenas imperceptible en las despreocupadas miradas de reojo de los demás transeúntes que se cruza al pasar. Para después multiplicarse en infinitos ángulos concatenados de múltiples tamaños y perspectivas que convergen en la amalgama poliédrica y multiforme de visiones incomprensibles de una mirada totalizadora y ausente de foco. Mientras que una mosca lo ve torcer hacia la siguiente bocacalle moviéndose junto al mundo de forma estocástica y sinusoidal en múltiples, aunque no infinitas, casillas hexagonales. Hasta que, al pararse de repente para consultar la hora se puede observar a H. desde una mirada espacial dando vueltas a mas de 1000km/h sobre la faz de la tierra y desplazándose a 108000 kilómetros por hora alrededor del sol. Desde ahí se le puede ver entrar en un bar a la vez que empieza a andar por la calle resiguiendo una hilera de coches y cruzando a la calle hasta detenerse para consultar la hora y dirigirse al bar del que también está saliendo y continuando su vida hasta la muerte y naciendo y viviendo hasta llegar a entrar en ese bar al mismo tiempo que sale desde una mirada atemporal. Por lo que si te fijas con atención puedes verlo desde sus propios ojos reflejado sutilmente en la cristalera del bar en la que de nuevo se reflejan sus ojos en los que se ve otra vez la su imagen en la cristalera y sus ojos en esta repetidos infinitesimalmente. Mientras tu lo ves convertido en palabras ausente de su existencia. O imaginándolo en un latir de entrañas en tu mente desde el punto de fuga del centro de su corazón. O como un hilo de pensamiento inexistente en la conciencia de su pensamiento desde el que tú ni tan siquiera eres una suposición de olvido. Cuando cruza una mariposa y lo ve como una conjunción de ondas y procesos térmicos que danzan al viento en sinusoidales metamorfosis que de algún modo le hacen sentir la belleza de unos ojos que la observan volar.

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