Natura Muerta Viva.

Había una cebolla tan triste que se cortaba a sí misma. Y un obituario sin muertes de placer, a no ser que ese señor que ponen que murió en la cama rodeado de los suyos feneció en medio de una orgía.
Que mal combinan la diarrea y los estornudos pienso mientras escribo desde este rincón sombrío de mi habitación que también había una flor pintada por un pintor tan perfecta que las abejas del jardín se posaban en ella confundiéndola con una de verdad. Y había una niña que quiso arrancar la flor con tanto afán que se cayó en el cuadro. Y vivió el resto de su vida dentro de un mundo de paisajes pictóricos y bodegones clásicos con naturas muertas vivas.
Había un dedal cuyo hueco era tan profundo que se podía oír en él las reminiscencias del eco del big-bang, ig-bang, bang, ang…
Llévame de vuelta al inicio de los tiempos donde todo era sencillo y las caras no ocultaban máscaras que ocultan caras que ocultan máscaras y podías jugar a la petanca con un electrón. Comer pan con chocolate y hablar de estar comiendo pan con chocolate mientras en el cielo cruzaba raudo el cometa Halley diciéndote “hasta luego”.
Había también un mensaje en una botella llegado de la otra punta del universo que cuando lo leías ponía: tonto el que lo lea. Fíjate, pone bien clarito tonto el que lo lea, y juro que es verdad pienso mientras tecleo palabras que no entiendo y empiezo a desear que se desate una tormenta estridente y estruendosa, porque los rayos y los truenos combinan muy bien con los juramentos. Quizá también con la pedorrea. Al igual que las motocicletas.
Hay un diente de ajo que sonríe desde un bodegón antropomórfico de un cuadro colgado en la pared. El señor del cuadro está compuesto de vegetales y su nariz es una berenjena, sus ojos aceitunas negras, su corazón una patata palpitante y lleva en su mano una flor que un día le dio una niña que vivía dentro de un mundo de paisajes pictóricos y bodegones clásicos llenos de naturas muertas vivas. Y era una flor tan perfecta que los rayos de luz que entraban por la ventana hacían la fotosíntesis en ella.

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