Ex nihil.

Ella era capaz de ordenar el Guernica, de enderezar la Torre de Pizza, de endurecer los relojes de Dalí.
Lograba que se escuchara el silencio, que se alumbrara la noche, que se solidificara el aire en su presencia. Y volvía las estrellas reconocibles por sí mismas y no por su ubicación, hacía que tuvieran nombre todas las olas del mar y convertía a las partículas subatómicas en predecibles.
El mundo era un lugar con sentido en su presencia. Hacía a las mariposas indestructibles por su belleza, a los sabios inmortales y a los tiranos microscópicos. Los tornados con ella eran de susurros y caricias, las guerras de almohadas y las pandemias de amor. Ubicaba en su sitio todas las partes de tu cuerpo.
Así, si se partía de la punta de tu pie subiendo por el tobillo hasta remontar las piernas y el torso más allá de tu pecho y tus omoplatos, al final de tu cuello se hallaba indefectiblemente tu cabeza. Y en esta tus labios eran tus labios al contacto con los labios de ella. Y su saliva era también tu saliva. Que iba y venía creando el lóbulo de tu oreja, tus pezones, tu miembro que evolucionaba de lombriz a serpiente a colibrí. Y a besos te despertaba y renacía, y a mordiscos te devoraba y te paría. Eyectado al mundo, recompuesto de la abstracción de la inexistencia, convirtiéndote en una obra de arte primigenia desde el abismo de la nada al compás de su orgasmo de Armagedón.

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