No me haces falta.

No me hace falta que me lleves la contraria cuando por puro placer te digo algo para llevarte la contraria. No me hace falta que opines sobre cómo me quedan todos mis jerséis, ni de cómo me ha quedado cada día mi peinado. No me hace falta tu mirada en el espejo de mis ojos, ni el contraste del tono de la piel de tu antebrazo respecto al mío.
No me hacen falta las caricias que me regateas en las rebajas de tu regazo. No me hace falta que pujes a la baja en la subasta de mis deseos. Ni que escatimes en besos en el mercado de mis comisuras.
No me hace falta que yo te haga falta allá donde estás. Tan lejos de mi como siempre a pesar de que estemos pegados como hermanos siameses o nos separe un universo entero. Y es que no me hace falta ni que me recuerdes, ni que me olvides. Ni que me eches de menos, ni que sobre en tu memoria.
No me hace falta pasarme la vida entera preguntándome que hubiera pasado si en vez de eso hubiera dicho eso otro, o te hubiera ignorado a tiempo o me hubiera permitido dejarte de conocer el mismo día en que nos encontramos por primera vez.
No me hace falta que me folles como si fuera el último hombre sobre la faz de la tierra y te hubieran encomendado la labor de repoblar el planeta tierra. Porque eso de algún modo ya es así.
No me hace falta que los románticos hubieran creado un periodo artístico solo para que a mi ahora no me haga falta escribirte un poema diciéndote que no me hace falta todo esto.
No me hace falta que me cuentes tu día y tus tribulaciones y luego parezcas realmente interesada en que yo te cuente las mías. No me hace falta que me entiendas, ni me hace falta que me hagas reír y que te rías con las mismas cosas que a mí me hacen gracia. Porque no me hace falta tu risa, al igual que no me hace falta tu silencio en el momento preciso en que lo ideal es que no digas nada, porque ya todo queda dicho. Y, además, tampoco me hace falta ni me hará falta tu presencia constante y persistente en los momentos de desdicha de la vida. No me hace falta que estés, no me hace falta que existas, no me hace falta que vivas junto a mi cada día y seas el oxígeno del mundo y seas la luz que emana del sol y las estrellas y seas el vientecillo ese en la nuca recorriendo la espalda una mañana de primavera y seas el mismísimo compás del latido de mi corazón permitiéndome alcanzar a sentir que no me haces falta, que no me haces falta.
Porque sin ti no vale la pena que nada me haga falta en este mundo, sin ti todo sobra, es en vano. Incluido yo. Incluida tú. Inclusive el mundo.
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