Un poco de amor.

A lo mejor podría quererte a ratos. O mejor a trozos.
Tal vez quererte un poco pero no del todo. Amarte porcentualmente hasta un límite estipulado por los dos y luego pasarme del lado de la indiferencia. Tu del de la condescendencia.
Tal vez poner excusas cíclicas como que el amor es un mito, una campaña de marketing o una enfermedad. Y tener como paliativo el hecho de no ser un amamante de pleno derecho. Presentarme a la hora de la pasión a medias o con el carácter en punto neutro.
Ya ves, te propongo un pacto: amémonos algo. Un poco. Démonos tan solo una parte del amor que debieran profesarse dos amantes auténticamente puros. Yo te quiero de lunes a miércoles y luego te desquiero el resto de la semana. Y tu los jueves y los viernes haces como que me amas un poco para compensar. El fin de semana nos lo tomamos libre y nos damos vacaciones en agosto.
Tendremos que hacer, claro, un escandallo de abrazos y besos para poder constatar cuanta ternura nos debemos y poder alcanzar así una cifra equitativa que nos satisfaga a los dos. Pesaremos nuestros pestañeos y contrastaremos la termodinámica de nuestros jadeos hasta homologarla a la tabla estipulada de respiraciones afectuosas correspondientes.
Y nos haremos el amor a secas. Nos yuxtapondremos y entrelazaremos paulatinamente. Siendo laxos en nuestra concupiscencia.
Hasta ser, entonces, mitigádamente felices, apenas. Y nos amemos de aquella manera hasta que este bien. Más o menos bien.

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