A los poetas que huyen:

A los poetas que huyen. A los poetas que se esconden por los recovecos de la literatura. A los que se agazapan en el regazo de la adormidera del beneplácito. A los que se ocultan detrás de la incomparecencia de ellos mismos.
Yo, les digo: que no podrán escapar.
Por mucho que se cubran con un tupido velo de figuras retóricas alienantes, por mucho que se acoracen con el humor o el surrealismo, por mucho que envuelvan todo su discurso bajo el manto cálido de las más románticas alusiones al amor o a la desdicha.
A esos poetas que huyen les prometo que no descansaré ni un instante, que no desfalleceré ni un momento, que no tendré ni un ápice de clemencia, ni una micra de misericordia para perseguirles infatigablemente hasta que suene la hora de la verdad.
Y, entonces, les miraré a los ojos escrutando el infierno que se oculta tras su infierno de metáforas y les miraré cara a cara hasta hacer llorar al niño que se esconde acurrucado en el fondo de sus pupilas. Y les volveré a mirar de nuevo fijamente hasta vislumbrar en el abismo de la fosa séptica de su mirada sus entrañas purulentas de poeta huidizo que ya no podrá escapar.
Y, a partir de ese instante, secuestrados de la infamia de creer poder ser poeta artificial en este mundo de hoy que agoniza de dolor, de guerras, de injusticia y desamparo -como siempre ha sido y como siempre será- les pediré, a esos poetas cobardes que creyeron poder huir de la atroz crueldad con uno mismo que es poner en palabras el sufrimiento que sentimos, les pediré…
No que se arrodillen, sino que se levanten.
No que emprendan el camino, sino que permanezcan erguidos en su posición.
No que dejen de huir, sino que se enfrenten.
Les pediré que crean en la poesía -sea lo que sea ese estúpido concepto- y que la defiendan como una bandera rota y desgarrada, jugándose la vida en cada verso -sin huir- avanzando desesperadamente, con la verdad en los ojos, en dirección a la nada.

Y, además, les diré – y os digo- que comprendo vuestro miedo. Pero yo no soy vuestro enemigo. Nuestros enemigos son otros, tu enemigo eres tu mismo, tu huida es el fin del mundo y tu única redención, vuestro único perdón y nuestra única salvación, la poesía.

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