Todo bajo el cielo es caos. 
Las personas se resquebrajan las unas contra las otras, las olas rugen embravecidas, las ibris se desatan formando iras sistémicas que duran desde hace más de 300 años como la gran tempestad de Saturno. Las enemistades son para siempre, el tic tac de los relojes entra en arritmia cardiovascular, los crepúsculos se derraman desde los horizontes creando cuadros expresionistas sobre la superficie del mar.
Es un escenario perfecto.

Rayos ultravioletas delatando una flor fosforescente en la duermevela, ardores de estomago de luciérnaga, huellas dactilares de mariposa en la autopsia de tu antebrazo, caricias de gigantes fatuos a magnolias encantadas en doncellas desvalidas que asesinan esperanzas de niños crecidos en el desaliento del fantasma que recorre un continente que viaja en patinete. Psiquiatras deportados a naciones antiguas que fueron derruidas por imperios de sentidos. Urinarios cósmicos que rellenan vacíos en el punto ciego de la visión del mundo. Ombligos de artistas perdidos en islas desiertas de cuentos que no se escribieron jamás. Insomnios velados de volcanes circunspectos que no recuerdan cuantas civilizaciones arrasaron ya, pero se extasían ante la resiliencia del ser humano en no desfallecer a la hora de volver a poblar sus faldas.
Manantiales de gemidos íntimos que emanan vías lácteas en espurias pieles. Océanos limítrofes entre sí que entran en combustión por la rutina del vaivén de holas y adioses. Héroes inmundos que fueron ignorados en sus hazañas perentorias y ensalzados en veleidades más intimas como arrancarle las alas a una mariposa… que ya no desatará una tormenta que te empape hasta los huesos que conformen la calavera que ria las bromas que apenen a los poetas que entristezcan la luna que despierte las mareas que provoquen el tsunami que anegue la ciudad que suma en el anonimato al individuo que invente la cura para la mezquindad que inspirará al asesino que mate la tristeza que inspire al pintor que tiña de azul los días que marchitan las flores que recuerdan al amante que olvide a la amada que lapida la esperanza que mantiene en vilo al guardián que vigila los relojes que pudren la mirada que observa el crepúsculo que enmudece la noche que oculta los silencios que esconden secretos que condenan al inocente que pertreche la venganza que impondrá la justicia de los ciegos que observan mariposas hechas de materia oscura que engendrarán más caos… que ordene el mundo.
A la manera de los coleópteros, eso sí.

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