Las 7 risas de Ana Prescott

Ana Prescott rie de siete maneras diferentes.
Y cada risa corresponde a un estado de animo diferente si no a una personalidad distinta.
Tiene una risa coqueta (algo así como “ji ji ji…”) que utiliza cuando Ramon Buj hace referencia al color té canela de sus ojos y la constelación de pecas de su espalda.
Luego, tiene su risa de camionero sórdido tal que “jo jo jo…” que a veces le sale cuando los comentarios de Ramon Buj más bien versan sobre la portentosidad de su culo o la promontoriedad de sus tetas.
Prescott tiene también una risa perdonavidas (algo como “je je je…”) que usa con eficacia lapidaria cuando no le hace ninguna gracia el último comentario de Ramon Buj sobre ella. Risa que puede ir perfectamente acompañada de un “idiota” o un algo más sutil “floripondio”.
La cuarta risa de la Prescott es una risa de felicidad, un ¡¡JA JA JA!! en mayúsculas y entre signos de exclamación que profiere en preocupantes momentos de alegría desbordada y algarabía desmedida por cualquier motivo en general. Incluso, por algun comentario concreto de Ramon Buj que en otras circunstancias le hubiera correspondido la anterior risa perdonavidas.
Otra risa de la Prescott es la risa condescendiente, una concatenación de jotas (algo así como “j-j-j-j-j-j…”) que le recuerda a Ramon Buj la forma de reír de un perro de unos dibujos animados de su infancia.
Esta risa podría proceder a algún comentario presuntamente simpático de Ramon Buj que a ella no se lo hubiera parecido tanto. O, tal vez, que no hubiera entendido nada y rie por solidaridad o por no tener que ahondar en la cuestión.
La sexta y séptima risa de la Prescott son un misterio.
La sexta porque no puede transcribirse de ningún modo debido a su asonoridad y cacofonía, además de sus variables entonaciones.
Es una risa contenida y desmedida a la vez, risueña y triste, escatológica y sublime. Es una risa paradoxal y contradictoria y, al mismo tiempo, sencilla y lógica. Una risa desconcertante que cuando es oída por Ramon Buj, de repente, el mundo y el universo le cobran sentido.
La última, la séptima risa de la Prescott, es la risa de la muerte. Quizá se pudiera transcribir a efectos prácticos como “ju ju ju…” pero si la oyeras sentirías un escalofrío recorriendo tu cuerpo hasta hacer temblar cada átomo de tu ser con su sentido y vibración ulterior.
Es la risa fatídica y apocalíptica que presagia grandes calamidades y terribles tormentos. Es la risa funesta que te conmina a estar callado y no volver a hablar en bastante rato sobre lo que sea que haya hecho despertar esta terrible risa del Apocalipsis.
Ramon Buj la oyó una vez y deseó no volver a oírla nunca más.
Apuntó mentalmente qué comentario suyo había desencadenado tal mecanismo de destrucción ajena dentro de Ana Prescott y se ordenó a si mismo jamás volver a proferir dichas palabras.
De las siete risas de la Precott esa era la que debía evitar de todas todas. Ahora lo sabía. Y sabía que cualquier cosa que precediera a esa maléfica risa debía ser erradicada de su personalidad.
Las otras, las demás seis risas que Ana Prescott va profiriendo con inusitada inconsciencia se van alternando en sus distintas charlas en cafés y demás lugares. Y es agradable saber que ella tiene, llegado el caso, una risa diferente para cada ocasión.

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