La propiedad de lo azul

Todo lo azul del mundo me pertenece. Me di cuenta ayer al tomar del paraguero del ese bar el paraguas azul que ahora está en mi habitación para guarecerme de esa lluvia inesperada en mi vuelta a casa.
Si hubiera usurpado alguno de los otros paraguas de distintos colores –que no eran el azul- hubiera sido un robo. Por mucho que algunos de estos habían sido abandonados ahí bastante tiempo atrás.
Pero, en cambio, comprendí de inmediato que el paraguas azul me pertenecía porque (y entonces hice la extrapolación) todo lo azul del mundo me pertenece.
Los zapatos azules, los despertadores azules, los escurridores azules, las toallas azules… todos esos objetos son de mi propiedad, estén donde estén y sea quién sea que los retiene, por el mero hecho de su azulidad.
El cielo es mío. Cuando es azul. De noche o en días nublados y grises dejo de poseer su patria potestad.
Con el mar tengo dudas porque sé que es azul porque refleja el cielo. Pero finalmente pienso que es azul aquello que vemos que es azul y, por tanto, el mar también es una de mis pertenencias.
Y es que no quiero hacer excepciones con nada. No contemplo la ética o la lógica de esta teoría. Es algo visceral e inapelable por mucho que pueda ir contra cualquier tratado o contrato de propiedad o alquiler. Incluso, si atenta contra los básicos derechos del ser humano.
Tus ojos, por ejemplo, si son azules me pertenecen. Forman parte de mi ajuar de objetos y entidades en cuya superficie se refleja de la escala cromática la franja correspondiente a ese color que se inocula a mí y me convierte en su esclavo hasta conferirme paradoxalmente la patria potestad de su existencia en cualquier formato.
Paraguas, cielo, mar, tus ojos… no importa, si es azul… es mío.
A mí me pertenece el verdadero hielo, que no es blanco sino azul. Como azules son mis icebergs de Islandia, mi isla helada de Kritoya y el mar del archipiélago de Svalbard donde viven los osos polares que si fueran azules también serían míos, pero no lo son, lástima.
Si que lo son los pájaros……… que forman parte de mi animalario particular compuesto de animales azules como……..
La flora azul también es toda mía: las……, las…., las….. y los….. son mi propio jardín botánico.
E, incluso, son mías las azules flores del cuadro de …… Y me pertenece a mí y no a Picasso todo su periodo azul.
Y cuando digo azul quiero decir todos los azules existentes: el azul cian, el azul marino, el azul índigo, … …. Y el conflictivo azul turquesa que es mío hasta que se confunde con el verde y ahí deja de serlo. Al igual que por el otro lado me pertenecen todas las gamas del azul hasta que se topa insolentemente con el violeta.
Y es que si alzas la vista y observas a tu alrededor con atención constatarás como todas las cosas o partes de cosas que son azules son de mi propiedad. Y algún día las reclamaré para que vuelvan con su verdadero dueño. Igual que este paraguas azul que reposa en el suelo de mi habitación que me protegió de una inesperada lluvia azul que embriagaba un cielo azul oscuro que también he reclamado esta noche para mí, junto a toda la tristeza del mundo, que al ser azul también me pertenece y la poseo con enorme egoísmo y avaricia apoderándome de toda sin dejar nada a los demás.

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