Explicación prístina.
Eres metralla en mi garganta cocida al baño María por mi esternón. Pura fibra con que están hechas las palabras, musculatura de metáforas en mecanismos de desfile de tropas de asalto en mi escroto.
Te llevo tatuada en mis entrañas, te contraje como una enfermedad crónica y de nacimiento, incurable y endémica, pandémica y mortal. Miel elaborada sin abejas, sin polen y sin flor, miel mecánica parida por mariposas positrónicas.
Algoritmo vegetal invertebrado de procedencia extraterrestre, arte hecho de unicornios triturados, abuela del universo que eres vacuna y lobotomía, eres cáncer de lluvia y resistencia en barricadas hechas de estrellas de mar.
Embajadora de los huérfanos del mundo, cubierta de piel de filos de cuchillos oxidados. Que arrancas mi espina dorsal de carena de cordillera en llamas de cuajo y luego santificas el abecedario de mis vertebras llenas de relámpagos borrachos y autopsia de mina de semen de luciérnagas ciegas. Resquebrajas los poros de frambuesa de mis abrazos de barranco y descuentas los pétalos anatema de las cenizas de la flor de mi paladar.
Y eres el primer ser de las cavernas soñando las alcantarillas del mañana fundando un corazón lija para las multitudes del ayer, la belleza antes de que existieran los ojos para conferirle sentido, el sufragio incesante de rayas de horizonte hacia el que caminar, al amanecer, como una desbandada de pirañas, tornado de amígdalas o niebla de aliento de espinas.
Y te cuelas incesante por la grieta electrificada del convexo escalofrió del tiempo. Y estás en cada conversación de pozo de torbellino en el perpendicular olvido en punto de fuga de ese angosto pasado de lápida con veleta, pastel de cumpleaños salpimentado de azufre de traición y cianuro de trampa de herradura en caries caníbal de niños cascada y niñas carabelas delantales en cuerpos maniquís de porcelana que huyen en bicicleta estática en dirección a vidas sardina en lata tras muros de torbellino en alquiler.
Dejándome a mí de nuevo en el casillero de salida con la patente de corso del destino abrevando en la tetina de un porvenir burbuja centrífuga de respiración de pez abisal, alineado con la puntual carambola de planetas en la pecera del tiempo.
Y eres beso radiactivo en mi Antartida, emboscada de espuma en mi Himalaya. Cefalópodo amor intrauterino que abraza mi medianoche y vibra en el arco del esófago del insecto que gruñe rubicundo en mi interior.
Así te siento, así te padezco, así eres para mí, poesía.

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