A ella.
Hembra dadivosa y opulenta, llena de nacar y ambrosia supurante en el compendio de tu ser y mi ser. Hermanos bicefalos, encarnados en un mismo cuerpo hirviente de concupiscencia encriptada, ardiente de enardecimiento recíproco.
Bella dama protuberante que se enraiga en mis cospúsculos de meyner a flor de piel, organismo sintiente e hibrido. Palpitante de ufana primavera en el vaiven sacrocoxial de nuestras sendas existencias encontrándonos al filo de la madrugada, sincopados y sumisos, entornados en el estro de los átomos del aire cálido que nos emvuelve, del dolor dulce que nos yuxtapone y marabunta.
Seres vivientes de un mismo instante y paradiga, definiéndonos quevedianamente en el palindro reciproco de nuestra bicefalidad amancebatoria.
Voluptuosa matriz balbuceante de clitoris resplandeciente y lujurioso. Bullicioso embarazo opulento de mi propia esencia autoerogena. Mi concubina enardecida, mi estigma sexual amancebatorio, mi extasis, mi excrecencia gemela de regazo.
Diosa procer erradicadora de mi soledad, nemesis vital, cornucopia conspicua y concupiscente de mi día a día. Mi dueña, mi salvación, mi esperanza, mi amante imbricada, mi todo. Mi queridísima, almorrana diagnosticada.

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