Caja con gato:

Vivo en la caja de un gato vivo y muerto a la vez que me recuerda que no quiero que nadie abra la tapa.

Siento el porvenir como una cuerda de pasear al perro de la que un yo mio del futuro tira con insistencia. Ahogándome.

Mis palabras son el silencio de otros triturado dentro del eco de un dedal.

Pernocto en el olvido de las estrellas. Sueño la pesadilla de un embrión palpitante que sueña dentro de un huevo prehistórico. Me despierto rodeado de huellas fósiles de dinosaurio que hace tiempo que ya no está aquí.

Siento lo que sienten los poetas que renunciaron a serlo: la nada de Pavese y Pizarnik incapaces de soportar el sufrimiento de la escritura. La nívea pureza del estruendo de armas para ser disparado por Verlaine que traficaba Rimbaud.

Padezco el Síndrome .de Estocolmo de tu ausencia. El Síndrome de Stendhal de los espejos. Y el Síndrome de Abstinencia de los orgasmos rotos.

Llevo tanto tiempo ya pegado a la faz de este planeta que gira y gira despavorido sobre si mismo como un electrón y da vueltas insensatas alrededor de un astro incandescente al que no se le ocurrió otra cosa que la desfachatez de alumbrar entrando por la ventana sin orden de registro ni aviso de desahucio insolente y procaz tu belleza. .

Existo irrefrenablemente en un cuerpo que hace envejecer el tiempo al contacto con las yemas de mis dedos hasta pudrir la historia, marchitar todos los relojes ¡y matar al gato!

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