De penes en tirabuzón y vaginas templos inca:

Mi pene en tirabuzón, tu vagina templo inca. Mi penetración desoxirribonucleica en barrena, tu chirriar de dientes de vulva dentada. Mi parafilia de ti. Tu xenofobia de mí.

Nuestro amor a quemarropa sincopado en los delirios de mi imaginación de poeta, tu desidia prosódica a ultranza en tu yelmo de dar besos. Mi torpe caminar en los entresueños de la madrugada hacia el horizonte donde reluce tu espejismo de holograma, tu hastío sempiterno de pragmático insomnio para no permitirte soñar jamás. Mi elección de itinerario en la cartografía del mundo en busca del tesoro oculto en tu bajovientre, tu infértil desesperación por adelantado de cualquier porvenir que implique la intersección de nuestras sombras al borde de un eclipse de pupilas.

Mi corazón vintage zurcido en mil pedazos en la moda pasajera de los órganos desgarrados, tu moderado palpitar en horizontal pentagrama de vida en encéfalo plano. Mi locura quijotesca de salvar al mundo de mi propia voluntad faciendo entuertos, tu esmirriada estoicidad de inocuo deambular por la existencia sin dejar surco en el arar de tu sombra sobre la faz de la tierra cual Dulcinea Lorenzo o Aldonza del Toboso.

Mi predilección por crear con palabras un mundo a medida de poesía para habitar conjuntamente en la genealogía de nuestros abrazos, tu planeta de grano de arroz a la deriva en la cosmogonía del fracaso que anidó una cochambrosa noche de lágrimas de orfebrería desgranándose por tus mejillas.

Mi osado complejo de inferioridad de ser superior en el país de los tuertos del lado frio de la almohada en busca de redención, tu incesante picotear de feligreses de tu regazo en la máquina de triturar corazones ajenos que es tu esternocleidomastoideo mientras el tuyo permanece impoluto, radiante, inmaculado, virgen, aun por estrenar. Mi quebrada vocación de Pantocrator vernáculo, tu natural inclinación a suicida de las cavernas platónicas y barbitúricas que son las cuencas de tus ojos.

Mi insigne busto de ídolo de Cícladas conservado en almíbar que rezuma aun opulencia de amniótico alcanfor, tu atroz efigie de musa aniquiladora de profanos profetas que rige las mareas y obliga a los ulises diletantes a olvidar -lotófagos- su regreso a casa.

Mi pingue alambique sideral emanador de vías lácteas en las que vivir juntos como alienígenas si tú me quisieras, tu ramificada dispersión de espacio tiempo en la fisura de la realidad en la que untar nuestro destino de anátidas jeroglíficos si yo te pudiera amar.

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